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Si los reconocimientos médicos para la práctica del deporte que incluyen pruebas de esfuerzo son necesarios en el deporte profesional con deportistas sobradamente preparados, por qué no realizarlos para practicar deporte amateur.



La asociación entre deporte y salud no siempre es correcta, como demuestran los incidentes ocurridos en la carrera popular Behobia – San Sebastian (34.000 participantes) del domingo 8 de noviembre cuyo balance es de 1 fallecido, 4 corredores internados en la UCI y 15 en observación de las 23 personas que fueron trasladadas a las Urgencias del Hospital Universitario de Donostia.

El sometimiento del cuerpo a esfuerzos, mantenidos o de corta duración, sin una adecuada preparación física y sin el conocimiento por parte del “atleta” de los límites impuestos por su propio cuerpo y que no debe sobrepasar, puede llevar a un desenlace con graves consecuencias para el corredor.


Los reconocimientos médicos han de formar parte de la cultura del deporte al igual que la equipación utilizada para la práctica del mismo.


La preparación para participar en carreras populares, ya sea un diez mil o una maratón, no se puede conseguir en unos meses, aún entrenando entre cuatro y seis días a la semana. El tiempo para adquirir la forma física de cada atleta amateur es distinto, como lo serán también sus capacidades atléticas. Pretender someter el cuerpo a un estrés físico, como consecuencia de la práctica deportiva por un desmedido afán de superación y de la propia competitividad, lejos de aportarnos un plus de salud puede mermar la misma.

Disponer de ayuda profesional, como la de un entrenador personal, resultará de utilidad siempre que sus conocimientos no sólo se enfoquen a la obtención de resultados más o menos inmediatos, sino al sostenimiento de nuestro bienestar físico y a enseñar al atleta a conocer sus capacidades, limitaciones y los avisos de su propio organismo.

La realización de reconocimientos médicos para la práctica del deporte que incluyan pruebas de esfuerzo para desarrollar cualquier actividad deportiva, sin importar la edad del deportista (adultos o menores), la condición física o la disciplina practicada, puede ser una herramienta que ayude a prevenir estos accidentes. Si son necesarios en el deporte profesional con deportistas sobradamente preparados, por qué no realizarlos para practicar deporte amateur. Han de formar parte de la cultura del deporte al igual que la equipación utilizada para la práctica del mismo.

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